Mariano Cidañez: llegó a pesar 335 kilos y hoy le muestra al país que se puede volver
Una historia de éxito de la Ley de Trastornos Alimentarios, relatada por el abogado que levó el caso. Hoy, con más de 200 kilos menos, Mariano comparte cada logro en sus redes para que otros no abandonen antes de tiempo.
Hay un momento exacto en que una per sona con obesidad extrema deja de pedir ayuda. Lo he visto muchas veces en mi ejercicio profesional. No ocurre cuando la balanza marca 250 o 300 kilos: ocurre el día en que empieza a creer que nada va a cambiar. El consultorio sin una silla adecuada. El rechazo de la cobertura. La mirada en la farmacia. Otra puerta cerra-da. Hasta que el silencio parece menos doloroso que volver a intentarlo. No se sabe, que la obesidad es una enferme-dad, porque el cuerpo no reacciona igual ante la ingesta de comida que el común de las personas.
Mariano Cidañez conoció ese abismo.
Cuando su caso llegó a nuestro estudio, llevaba cerca de dos años sin poder salir de su casa, pesaba 335 kilos y dependía de sus vecinos para todo. Lo que más recordaba no era el encierro: era el miedo.
«Miedo al rechazo, a las burlas, al maltra-to. Miedo a que te vean como una cosa, algo que contagia — padres que esconden a sus hijos como si los protegieran de un monstruo, en vez de enseñarles que esto es una enfermedad grave. Y el peor de todos: el miedo a morir solo en una habitación de cuatro por cuatro, sin que nadie se entere hasta unos días después».
En la habitación de al lado siempre hay otra historia. Una madre que sigue levantando a su hijo adulto. Una esposa que aprendió enfermería sin haberlo elegido. Un hijo que dejó de invitar amigos. La obesidad extrema rara vez daña a una sola persona: reorganiza la vida de toda una familia. Por eso, cuando finalmente alguien consulta, casi nunca es el paciente —es la madre, la esposa, el hijo que todavía conserva esperanza por los dos. Y hay algo que siempre les digo: pedir ayuda por él no es traicionarlo. Es la torma más util de quererlo.
La otra cosa que las familias necesitan saber es que la salida existe. Hay equipos que dedican su vida a esta enfermedad – clínicas de nutrición especializadas, cirujanos bariátricos, psicólogos, nutricionistas — y una ley argentina, la 26.396 de Trastornos Alimentarios, que reconoce a la obesidad como enfermedad y contempla la cobertura completa de su tratamiento: la internación, la cirugía bariátrica, la cirugía reparadora. A Mariano, ese camino le devolvió la vida: desde nuestro estudio, Pérez Argüelles & Asociados, presentamos la acción que la ley contempla y la Justicia ordenó la cobertura de su tratamiento — la sentencia hoy está firme. Bajó más de 220 kilos y finalmente transitará sus cirugías reparadoras por los excedentes de piel, también contempladas en su cobertura.
Lo más difícil nunca fue el expediente: fue que Mariano volviera a creer que tenía derecho a pedir ayuda. Y debo ser preciso, cada caso es distinto y ningún abogado puede prometer un resultado.
Lo que sí puedo afirmar es lo que ya ocurrió: la ley se aplico, y funcionó.
Porque acceder al tratamiento no es un favor — es un derecho.
Quizás esa sea la verdadera historia: la de un hombre que dejó de tener miedo. Si mientras leías pensaste en alquien — un hijo, un hermano, un amigo que dejó de pedir ayuda — compartile esta nota. A veces, volver a empezar comienza con otra persona que se anima a decir: esto tiene salida.
Seguí la historia de Mariano:
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Pérez Argüelles & Asociados

